Paco y pico

Si algo demostró la pandemia del coronavirus es la fragilidad del sistema capitalista mundial y a quienes golpea con más fuerza. Además la relevancia que tiene un Estado presente y, por consiguiente, el rol del sistema sanitario público -con el Sistema Nacional Integrado de Salud- y la importancia de invertir en la ciencia y formar científicos desde la UdelaR. En ambos casos se requierenrecursos. Aquellos, como un Solo Uruguay -base social del actual gobierno- que clamaban por achicar el Estado hoy, ni chistan. Sin perjuicio de que los organismos internacionales disponen de líneas de créditos para los países, dos discusiones surcan el panorama. Una tiene que ver quién o quiénes se hacen cargo, económicamente hablando, de los costos de la emergencia. La otra es qué está primero la salud o la economía. En principio, los costos el gobierno se los tira a los trabajadores, apela a las empresas públicas y, eventualmente, al financiamiento externo. Ni ahí con  gravar capitales, grandes ingresos, salarios gerenciales. Cuando se habla de tal posibilidad un coro de economistas, lobbystas y defensores del mercado, con amplia llegada mediática, ponen el grito en el cielo. Otros repiten. Con gran repercusión mediática las gremiales agropecuarias, que se reunieron con el presidente, dijeron que destinarían 100 millones de dólares para la epidemia. Pero la verdad es que los 100 terminan siendo 20. Estos sectores, aportan normalmente, 50 millones de dólares al Instituto Nacional de Carne, 30 al de Investigaciones agropecuarias y 20 por ventas de ganado a las Intendencias. “Por las ventas de ganado pagan un 1% a las Intendencias Municipales y de estos pagos, a los propietarios de tierras que pagan la contribución inmobiliaria rural se les devuelve en forma de certificados de pago al BPS. Estos recursos, estimados en 20 millones de dólares anuales, son los que aportarían al Fondo” aclara el economista e investigador Jorge Notaro.  Seguramente aprovechen la bolada para pedir que no se les cobre la contribución rural ya que la cosa está brava. El economista agrega más información: “el nivel de actividad, el precio de la tierra y los arrendamientos no se encuentran en su nivel máximo pero tampoco presentan una tendencia a la baja. Los  mejores resultados se aprecian en la ganadería y la forestación que alcanzaron el nivel máximo en 2018 y descendieron levemente en 2019 (BCU 2020). El precio por hectárea vendida  alcanzó su nivel máximo en 2014 con 3.924 dólares, los precios fluctuaron durante los años siguientes y se ubicaron en 3.342 dólares por hectárea en 2019 (MGAP – DIEA 2020);. Si se toma esta cifra para estimar la riqueza de los dueños de la tierra tendrían un total superior a los 53 mil millones de dólares”. Agregó que“la presión fiscal sobre el sector agropecuario (impuestos, incluyendo la contribución patronal a la Seguridad Social / PIB sectorial) se mantendrá en valores muy similares a 2018, la recaudación pasaría de 261 a 256 millones de dólares y la presión fiscal baja de 7,8 a 7,7% del PIB agropecuario (Tambler, A. y Barboza, N. 2020)”. Además “los dólares que reciben los terratenientes, los capitalistas y los exportadores de productos agropecuarios aumentaron aceleradamente su poder de compra en pesos por la devaluación, ya que desde el primer trimestre del año 2020 la cotización del dólar aumentó 15% y de este total, un 10% en el mes de marzo. La riqueza de los dueños de la tierra supera los 53 mil millones de dólares, el aumento de los precios internacionales sumado a la devaluación mejoraron el poder de compra de sus ingresos en el mercado interno” Para Notaro mantienen una actitud “miope” y “mezquina”. Es que la cosa está brava….

Foto: lamañana.uy

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