Miremos Chile

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mayo 26, 2022 Desactivado Por Editorial

El denominado “tema Mapuche” que anida en la usurpación de tierra a los pueblos originarios históricamente no encuentra solución.  En Chile existía cierta expectativa con la asunción de Gabriel Boric quien había planteado el dialogo como fórmula para abordar tema tan complejo, donde no solo interactúan los pueblos originarios. Cambiando su posicionamiento inicial, el presidente decretó, días atrás, el Estado de excepción en el Wallmapu (Arauco y Bio Bio) Lo que ha exacerbado ánimos. La tierra, en América Latina, siempre ha sido disputada y los apropiadores, tan poderosos como las forestales, usan toda su capacidad para que nada cambie. Desde ahí surgió la violencia. Se comenta que el Estado de excepción tiende a complacer los pedidos de los privados, -facilita la libre circulación-, muchas veces bajo el argumento de la existencia de violencia desplegada por ciertos colectivos.  Un comunero, aludiendo a la decisión gubernamental graficó: “con la metralleta en la mano no se puede conversar”. Otra referente declaró que la “presencia de militares no es la forma de lograr un buen encuentro. No hay una señal clara del gobierno para decir que nosotros como comunidades vamos a estar tranquilos o tener un diálogo con el gobierno, porque así no se puede conversar”. Quizá el hecho que se  haya presentado un  borrador de nueva Constitución (plurinacional), superadora de la de Pinochet, que reconoce derechos a los pueblos originarios y crea tribunales para dichos colectivos esté en la base de estos nuevos focos conflictivos.