mayo 14, 2022 0 Por Editorial

Juan Carlos Siázaro(*)

Benjamín Nahoum(**)

El pasado 6 de mayo falleció, en su adoptiva Paysandú, a los ochenta y tres años, el arquitecto Juan Carlos Siázaro, quien tuviera un rol fundamental en el desarrollo del cooperativismo de vivienda en nuestro país y especialmente en el litoral de la República. Montevideano de nacimiento, a los treinta y un años, y al poco tiempo de recibirse de arquitecto, Siázaro emigró a Paysandú para instalar la Regional Litoral del Centro Cooperativista Uruguayo (CCU), que por entonces desarrollaba las primeras experiencias de cooperativas de vivienda en el país en el marco de la Ley Nacional de Vivienda aprobada a fines de 1968. Adoptó entonces la “ciudadanía” del departamento, al que nunca más dejaría; Paysandú a su vez lo adoptó como un hijo dilecto, al punto de concederle, en 2012, el título de “Ciudadano Ilustre”. Nada tan merecido. Siázaro fue un verdadero protagonista del desarrollo, consolidación y crecimiento del cooperativismo de vivienda, de ayuda mutua y de ahorro previo, en toda la región Noroeste de nuestro país, como jefe de un equipo de técnicos jóvenes y emprendedores; como director de numerosas obras, y
como permanente y ferviente propagandista del nuevo sistema. Tomando palabras de Jorge Di Paula, otro grande desaparecido, encarnó verdaderamente la postura del “arquitecto actor”, que en la producción autogestionaria de la vivienda trascendía la clásica figura del “arquitecto autor”.
Pero su compromiso con el cooperativismo no sólo abarcó el de la vivienda, sino que impulsó experiencias en otras ramas, especialmente la del crédito, siendo activo integrante de la cooperativa CACDU y de otras experiencias autogestionarias que en su momento transformaron a Paysandú en el departamento más cooperativista del país. Desde Paysandú, precisamente, la Regional Litoral dirigida por
Siázaro expandió su acción a todo el Litoral Centro y Norte, desde Soriano hasta Artigas, y aún llegó hasta Tacuarembó, donde fue parte de las primeras experiencias de vivienda por ayuda mutua en ese departamento.
Durante la dictadura que sufrió nuestro país mantuvo una valiente actitud de discrepancia, contrariamente a la de otros dirigentes del partido al que pertenecía, lo que realza aún más su actitud. Jubilado hace ya unos cuantos años y limitado últimamente por dificultades motrices, su entusiasmo por el hacer y por el fomento del cooperativismo no decayó nunca, y era notoria su obsesión por trasmitir su conocimiento y experiencia a las nuevas generaciones, estando muy cerca de la labor de la Universidad de la República en ese sentido.
Aunque escribió mucho: informes, notas, reflexiones, documentos de trabajo, publicó poco, siendo en ese sentido su mayor legado el libro “Aportes para una crónica del cooperativismo sanducero”, de 2006, en el que hizo una crónica de la historia de las sociedades asociativas del departamento en la segunda mitad del siglo XX. Permanente apoyo de las cooperativas y las y los cooperativistas, también fue un estrecho colaborador de sus federaciones, FUCVAM y FECOVI, cuyo desarrollo en su región de influencia contribuyó a impulsar.
Quienes tuvimos oportunidad de trabajar con él supimos de su constancia, seriedad e inteligencia, pero sobre todo de su calidad humana, que lo hacía una buena y muy querible persona. Tuvimos oportunidad de mantener contacto con él hasta hace muy poco, y siempre lo encontramos voluntarioso y dispuesto, siempre a la orden para ayudar, siempre interesado por la vivienda y el cooperativismo, que ocuparon parte tan importante de su vida.  Desaparece físicamente un imprescindible, pero permanece en su estela. Juan Carlos se nos fue, pero su espíritu y su obra quedan con nosotros.


(*) Nota aparecida en 20once edición del pasado jueves 12 de mayo 2022

(**) (Ingeniero civil. Docente, investigador universitario y consultor. Autor de diversas
publicaciones y asesor de FUCVAM)