Un incendio que no se apaga

Un incendio que no se apaga

febrero 20, 2022 Desactivado Por Editorial

 Los recientes incendios forestales, inéditos en el país, concitaron –en el marco de altísimas temperaturas y sequía- cierto debate nacional; incluyendo sendas actividades (24 de enero y 8 de  febrero) en la sede universitaria de Paysandú con presencia de organizaciones, vecinos de los pueblos afectados, Orgoroso, Piedras Coloradas, empresas, Ministerios, Intendencia de Paysandú, Bomberos, ediles de la oposición y la diputada Bottino. También una comparecencia de varios ministros en la Comisión Permanente del Parlamento, donde Jefe de Bomberos volvió a mencionar que había indicios de focos generados intencionalmente. Su supone se investigará. Conviene recrear que la forestación, y la instalación de pasteras rechazadas en otras latitudes ha sido una política avalada por todos los partidos políticos y rechazados por organizaciones ambientalistas y ciertos sectores académicos. Diversas circunstancias pueden explicar el desarrollo de un incendio pero la modalidad de plantación y el tipo de especie (monocultivo de eucaliptos) hace lo suyo. Las consecuencias son catastróficas. Para tener una idea: al 2019, tomando como base el año 90, la superficie forestada pasó de 186 mil hectáreas a 1.034.000 proceso a babucha de exenciones tributarias y subsidios. En el 2007 el FA eliminó beneficios pero se recrearon en las zonas francas que utilizan estas empresas. Un 64 % de la producción se destina a la cadena celulósica.

Con su gran capacidad de lobby, las empresas forestales señalaron que cuentan con planes preventivos financiados entre ellas. Dicen disponer de 6 aviones y 15  torres de detección de fuego y una brigada de combate para   cubrir 16 departamentos. Amplificaron que desde diciembre a abril se bucea detectando focos de amenaza; no pareció muy efectivo en la oportunidad. Cuesta comprender que con la experiencia desarrollada en otras latitudes y el avance tecnológico no se pueda prevenir con mayor rigor. Los incendios forestales demostraron las enormes limitantes que tiene el Estado y, sobre todo, el complejo forestal, más allá de su peso político que logró frenar una ley limitante de su expansión. Tal vez, en el veto presidencial de la ley en cuestión. “Para explicar la posición del presidente frente a la forestación, es inevitable vincularlo a la historia familiar. Su padre, Luis Alberto Lacalle Herrera, siendo presidente, agregó por decreto tierras suyas a las áreas de prioridad forestal. Y su tía, Rosario Pou, directora forestal en ese gobierno y ejecutiva de empresas forestales, participó activamente en la oposición al nuevo proyecto de ley invocando la libertad del productor rural” escribió en Sudesta el periodista Víctor L Baccheta.

Muchos vecinos afectados, tras masticar bronca y expresar desazón, como Santiago Schneider no tienen “dudas de que hubo negligencia”. El ministro de Ganadería se animó a expresar: creo que “hay un debe de las empresas”. El asunto es, más allá de las miles de hectáreas quemadas (más de 25 mil), quién se hace cargo de los impactos en el ecosistema, las pérdidas de los productores/as y las consecuencias emocionales de los/as habitantes. Sin aportar mayor información el jefe de bomberos habló de incendios intencionales, extremo que desenfoca la responsabilidad de las empresas.